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Paseo 2

Comenzamos el paseo por Aït Aïssa Ou Brahim, un poblado bereber situado en el centro de la zona sur del oasis.

Su ksar está prácticamente abandonado, quedando solo en uso su antigua mezquita. Hasta hace pocos meses, aún podíamos ver su preciosa puerta construida en tierra: el muro de la quibla se quebraba para dar lugar a la puerta de acceso al poblado. Ahora, los trabajos de construcción de la nueva mezquita la han demolido casi totalmente.

Haciéndonos acompañar por algún vecino, quizás podamos ver la antigua mezquita, pequeña, blanca y tapizada de rojas alfombras. También es posible subir a la cubierta y divisar el palmeral desde lo alto.

Como la gran parte de los habitantes de Aït Aïssa Ou Brahim se han trasladado al palmeral, lo mejor para conocer a sus gentes es dar un paseo por las huertas. Uno de los paseos más interesantes es yendo en dirección sureste, cruzando el antiguo cauce del río Draa y adentrándonos en las dunas que ya aquí comienzan a ganar terreno a los poblados.

En este punto ya intuimos lo que es el desierto y la dureza de su clima, al quedar expuestos al sol, sin el cobijo de las palmeras o las casas. Al fondo divisamos dunas salpicadas de palmeras, nos encaminamos hacia allí. A medio camino entre el poblado y las dunas encontramos un pequeño bivouac, en medio de la nada, con apenas unos tamariscos que vigilan las cabañas de tierra.

Llegar hasta las dunas nos llevará una media hora. Merece la pena hacer una parada y disfrutar de la cálida arena y de las vistas que ofrece el lugar. El mejor momento para hacer este paseo es el atardecer, evitando el calor intenso. Tras subir y bajar dunas comienzan a abrirse paso las huertas: trigo, alfalfa y tierras en barbecho siempre cobijadas por palmeras. Es muy fácil encontrar a gentes trabajando los huertos, sobre todo mujeres. Es especialmente bello en primavera, cuando se hace la cosecha del trigo y los fardos de cereal se acumulan entre los surcos.

Es muy fácil encontrar a gentes trabajando los huertos, sobre todo mujeres. Es especialmente bello en primavera, cuando se hace la cosecha del trigo y los fardos de cereal se acumulan entre los surcos.

Tras las huertas intuimos el ksar de Znaga, uno de los más pequeños de todo el oasis. Está rodeado de una de las zonas más ricas del palmeral. Si llegamos desde los huertos podremos ver un hammam: nos daremos cuenta al ver un edificio cuadrado, pequeño, con un agujero en su parte inferior donde se hace el fuego que calienta el agua y la estancia. En la fachada se ve la mancha negra de hollín. Hoy en día se siguen usando como espacios de higiene de los poblados y suelen ser compartidos entre las familias.

Dunas y palmeras en el paseo