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Paseo 4

Comenzamos el paseo en la puerta del ksar de Zaouia, poblado de pequeña dimensión y origen modesto. Nada más llegar podemos ver la intromisión de una construcción de hormigón que sobresale del trazado original del poblado, aparecida en 2014. Por desgracia, estas nuevas construcciones alteran los inteligentes asentamientos de las construcciones tradicionales de tierra.

Atravesamos la puerta y recorremos la vía principal donde se suceden modestas casas. Al fondo nos sorprenden las dunas, doradas, suaves, ondulantes, salpicadas de palmeras, niños y mujeres que charlan tranquilas mirando al sur, mirando al Sáhara. No podemos negar que las dunas ponen en peligro el futuro del ksar pero, paradójicamente, le dotan de un paisaje maravilloso y, en nuestra opinión, uno de los espacios más bellos del oasis. Es, además, un salida directa al gran Sáhara que los chavales aprovechan para echar un partido en el fantástico campo de fútbol que vemos al fondo.

El camino continúa por las dunas, dirigiéndonos hacia el este, manteniendo una trayectoria paralela a la carretera principal. Se trata de un precioso paseo vespertino, para disfrutar del paisaje, y acercarnos poco a poco hasta la frontera sur del oasis.

Tras media hora caminando por las dunas, empezaremos a intuir a lo lejos las construcciones más representativas de Ouled Mhia: la kasbah de Sidi Khalil. Lo primero que vemos son las torres que formaban parte de su muralla. Al llegar, todavía con luz, tenemos ante nosotros la oportunidad de recorrer un ksar abandonado. La mayor parte de sus pobladores se ha desplazado hacia los alrededores para habitar viviendas más grandes, con huerta, en un momento donde ya no necesitan el abrigo y la seguridad que les ofrecía el viejo ksar, ahora tan presionado por el avance del desierto. Se conserva habitada la zona más cercana a la puerta, restaurada en enero de 2015, y la mezquita se usa.

Aquí tenemos la oportunidad de recorrer las calles y entrar en algunas viviendas, siempre con mucho cuidado, dado que algunas construcciones están en muy mal estado. Se puede sentir el silencio, la oscuridad y las viviendas abandonadas. La mejor manera de terminar el día es sentarse en una duna frente a la vieja torre de tierra y disfrutar del bellísimo atardecer.

Dunas del paseo