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En el ksar Bounou se practica la música Gnaua.

El cuscús

El plato típico marroquí es cocinado en el oasis de Mhamid con los ingredientes que le faltan en las agitadas ciudades y restaurantes en ruta: tiempo y las hortalizas recién cogidas de las huertas. Sentarse en el suelo, en torno a una mesa redonda, tomar la cuchara y unirse con el resto de comensales en un único y enorme plato de cuscús bien regado de caldo de verduras puede convertirse en uno de los mejores momentos del día. ¡Buen provecho!

Paseo 5

Dejando atrás la carretera principal que vertebra el Oasis, podemos adentrarnos en una de las más populosas zonas del palmeral hasta llegar hasta el ksar de Bounou.

La senda discurre a través de un bonito vergel salpicado de numerosas viviendas, que alberga hoy más población que el propio ksar. Dejamos a mano izquierda el núcleo de Moulay Mbark, fundado por una venerada familia de Bounou a finales del siglo XIX.

El camino se ensancha en algunos puntos conformando amplios espacios que funcionan a modo de plazas. Finalmente divisamos la puerta del ksar, en el que se adentra esta vía.

A la izquierda de la entrada principal del ksar, en su exterior, se encuentra el Morabito de Oulad Moussa, cuyo tramo central cubre una bella cúpula apuntada, con un perfil muy típico de las regiones limítrofes del Sáhara y ornamentada en su interior con pinturas a base de los característicos motivos geométricos de la zona. Al lado opuesto de la calle se extienden las ruinas de lo que fue un antiguo arrabal bereber del ksar, que albergaba las casas de los nómadas Ait Alwan, encargados durante varias décadas de la protección de este núcleo.

Las defensas de la población están conformadas por un perímetro murado de trazado regular que conecta altas torres bellamente ornamentadas con variados juegos geométricos con los ladrillos de adobe. Una vez traspasadas, accedemos a uno de los más ricos y antiguos poblados del oasis, pero también a uno de los más afectados por la despoblación y el abandono.

A un lado y a otro de la calle principal vemos extenderse numerosas casas en ruinas y calles anegadas por la arena. Sin embargo, emergen continuamente entre ellas los vestigios de hermosos patios con amplias arquerías. A mano izquierda se encuentra el sector más habitado y mejor conservado del pueblo. Al lado opuesto de la calle, sin embargo, el desierto se ha apoderado ya del pueblo.

Es particularmente atractivo recorrer esta última zona del núcleo urbano. Para ello, lo mejor es recorrer la calle principal en dirección al cauce del río Draa, por lo general seco, salvo raras excepciones. Una vez atravesado el pueblo, rodeando el pueblo por el oeste, podemos contemplar la espectacular acción destructiva de la arena. Altas dunas van devorando progresivamente este sector del ksar, elevándose incluso sobre las plantas altas de las viviendas.

Coronación de un patio

Desde aquí podemos disfrutar de otro de los atractivos del oasis de Mhamid: adentrarnos en el desierto para descubrir la enorme extensión de tierra fértil que se extendía hacia el sur en el pasado. A medida que caminamos hacia su interior se transita por zonas abandonadas por el hombre en tiempos más remotos. Son muchos los restos y ruinas dejadas por los antiguos pobladores de esta región. El mismo desierto que los engulló, los preserva hoy en buen estado gracias a la escasez de humedad. Un paseo entre las dunas que invaden los terrenos meridionales del oasis basta para hallar emergiendo entre ellas múltiples pozos, edificios y antiguos palmerales.

Además, la zona desértica que se extiende al sur de Bounou, al otro lado del lecho del río es particularmente rica en vestigios arqueológicos. Caminando desde el ksar hacia el sureste, preferiblemente en compañía de algún guía local, llegamos a las ruinas de una antigua población entre las que se conservan aún varias tumbas y un morabito bastante arruinado, el de Sidi Boyshak, aunque bastante popular aún. Allí siguen acudiendo algunas niñas para conocer la procedencia de sus futuros maridos a través de un curioso juego.

Avanzando hacia el oeste desde estas ruinas, siempre manteniendo el curso del río a la derecha, es fácil encontrar vestigios que van sucediéndose en el camino, desde túmulos hasta antiguos hornos. Llegamos finalmente al elemento arqueológico más interesante de esta zona, las ruinas de la antigua fortaleza de El Alouj. Este núcleo defensivo fue erigido por el sultán Ahmed el Mansur como puerto de partida hacia el Sudán a través del desierto, cuando en el siglo XVI, con la ayuda de tropas andalusíes expulsadas de la Península Ibérica, se hizo con el control de las rutas saharianas, llegando a tomar Tombuctú. Se trata de un conjunto torreado con doble perímetro murado, configuración atípica en la zona pero común en este tipo de fortificaciones.

Ruinas junto a Sidi Boyshak

El Alouj