tierra

Patrimonio arquitectónico

Construcción tradicional con tierra.

Tierra y arquitectura están ligadas desde el origen de la civilización. La abundancia del material junto con la simplicidad de construcción han facilitado su uso en la mayor parte del mundo habitado, en especial allí donde la madera y la piedra son materiales poco abundantes. Este es el caso de los palmerales en el sur de Marruecos, donde la arquitectura y el urbanismo se adaptan a la aridez del clima a la vez que modifican el paisaje natural, y estos factores en conjunto condicionan el modo de vida de sus habitantes. Como en toda arquitectura tradicional se logra así un equilibrio entre naturaleza, cultura y arquitectura, un equilibrio que podría entenderse como patrimonio en su sentido más amplio. Y en este equilibrio la tierra, el barro, es un elemento fundamental en Mhamid.

El conocimiento del material es, por tanto, imprescindible para comprender este patrimonio, ya que sus propiedades determinan las cualidades de la arquitectura. Esta dependencia puede explicarse, por ejemplo, con el comportamiento mecánico del material. En las construcciones en las que se usa como estructura, la baja resistencia de la tierra requiere de un incremento importante del tamaño de muros y pilares, lo que resulta en una arquitectura masiva. Como en otras formas de construcción homogénea, la tierra cumple también con otras funciones: aislamiento térmico y acústico, inercia térmica, etc. El espesor de la construcción debe dar cuenta de todas ellas a la vez.

No obstante, existen otros muchos factores que condicionan el tipo arquitectónico, como son el uso de patios de luz, un urbanismo compacto o el propio palmeral. Pero en cualquier caso las propiedades físicas de los materiales condicionan cualquier solución arquitectónica, y por tanto su conocimiento permite explicar y comprender cómo, en un lugar tan extremo, la arquitectura es posible.

Su comportamiento todavía no ha sido comprendido totalmente por la ciencia pese a la aparente simplicidad del material y su aplicación. Por su parte, la tradición conoce y aplica el material sabiamente desde hace miles de años. Esa es la realidad fascinante de la arquitectura de tierra.

Aun así, conviene hacer el esfuerzo de aproximarse al material. De un modo genérico, la tierra puede definirse como todo aquel suelo mineral (sin presencia de materia orgánica) con una textura determinada (proporción de arcillas y arenas), que al añadir agua se puede moldear y usar en construcción una vez seco. Hay, por tanto, casi tantos tipos de tierra como tipos de suelo, pero tan solo unos pocos son óptimos para su utilización directa.

La variación de todos estos parámetros (proporción de agua, textura y tipo de aditivo) permite adaptar la mezcla a los requisitos propios de cada técnica constructiva según las condiciones locales como la sismología o climatología. Por esta razón cualquier intento de clasificación supone una excesiva simplificación, aunque se puede afirmar que las dos técnicas más comunes son la tapia y el adobe, ambas mayoritarias también en Marruecos.

El Marruecos, la tapia consiste en la compactación sucesiva de capas de tierra humedecida en encofrados provisionales de madera (tapiales o tabut) de 245 x 85 cm para las tablas laterales (tafraout), con una anchura entre ellas 40 ó 50 cm hasta 1 metro en murallas de fortalezas. La tierra apropiada para el tapial se obtiene de suelos con una textura gruesa, en algunos casos incluso con piedras. Se añade agua a la mezcla y se deja curar unos días antes de su utilización sin añadir ningún tipo de aditivo. Durante el proceso de compactación, el tapial se sostiene directamente sobre el muro mediante la colocación de dos piezas transversales (agujas o shkal), que al ser retiradas producen el patrón distintivo de la tapia en la superficie del muro. El desencofrado se realiza inmediatamente después de la compactación, y la construcción del muro continúa en hiladas horizontales.

Construcción de un muro de tapia

Proceso de secado de los adobes

Existen múltiples variantes de la tapia según el tipo de pisón (en bereber merkez), el tipo de suelo, el tamaño del encofrado o el uso de aditivos, principalmente cal. Solo en Europa se han documentado 19 tipos diferentes de tapia de tierra, y además los tapiales se usan para construir muros de mampostería o de hormigón en masa (de cal antiguamente, de cemento en los primeros tiempos del hormigón moderno). En Marruecos la tapia de tierra es bastante homogénea, con variaciones locales según el tamaño del encofrado o el tipo de suelo. El maestro del oficio de la construcción (ma’alem en árabe) es una figura muy respetada.

Otro de los elementos en los que se usa una mezcla rica en arcillas es la capa más superficial de la cubierta. En este caso se usa muy poca paja de modo que las fisuras que aparecen al secar se cierran con las primeras gotas de lluvia, sellando la superficie. Sin embargo, es muy importante garantizar la evacuación del agua para evitar una erosión profunda del material. El agua se decanta con la leve pendiente de la cubierta y se evacúa con gárgolas fabricadas con madera de tamarisco, madera usada tradicionalmente en Mhamid también para los forjados. Esta madera es más resistente y duradera que la madera de palmera, pero tiene un tronco de tamaño más reducido e irregular, lo que limita la amplitud de los espacios interiores.

La tapia es técnicamente muy diferente del adobe (tob en árabe). Su ejecución es más rápida, aunque las herramientas son más complejas. Ambas técnicas requieren artesanos hábiles: la tapia, para confeccionar y manejar las herramientas (los tapiales y pisones), el adobe, para disponer las piezas en el muro. El uso de la fábrica de adobe se limita a aquellos elementos constructivos en los que no es posible usar la tapia, como en columnas, o como elemento ornamental.

En Marruecos, el adobe tradicional tiene unas medidas de 6x12x25.5 cm, aunque pueden encontrarse una gran variedad de medidas siempre con proporciones similares. Al tratarse de unidades de tamaño reducido se utiliza una tierra de textura más arcillosa para evitar que el adobe se disgregue, pero es necesario añadir paja a la mezcla para evitar una excesiva retracción al secar.

Con independencia de la técnica usada, cualquier construcción de tierra es muy vulnerable a la erosión del agua, y el revoco de los muros es tan importante como la propia cubierta. Del mismo modo, la tierra usada para revocos exteriores es también rica en arcillas, pero es importante añadir paja para evitar que una excesiva fisuración pueda exponer el muro. En cambio, para los revocos interiores es habitual el uso de una mezcla más arenosa en lugar de paja ya que el revoco es más duradero, aunque se erosiona fácilmente con el agua.

En algunas regiones más cercanas al Atlas es habitual encontrar en la coronación del muro un pequeño alero construido con cañas y mortero de barro, pero en Mhamid, donde la lluvia es muy escasa, el muro no tiene mayor protección que la del revoco. En ambos casos, el mantenimiento cada pocos años es fundamental para garantizar la durabilidad del edificio. Y esta es la principal amenaza de este patrimonio: la falta de mantenimiento. Los cambios sociales y económicos de las últimas décadas han condenado este patrimonio al abandono, y solo recientemente hemos tomado conciencia de su fragilidad y de la importancia de su preservación.

Intradós de la cúpula de un morabito